LECTURA DE HOY
... y mientras lo apedreaban, Esteban […] cayó de rodillas y clamó con fuerte voz: «Señor, no les tomes en cuenta este pecado». - Hechos 7:59-60 (RVC)
Mi juventud fue toda amargura y enojo. A los 30 años de edad mi matrimonio era un fracaso. En medio de ese dolor, descubrí la Biblia. Creí que mediante Cristo mis pecados podrían ser perdonados. ¡Qué alivio! ¡Qué alegría! Sin embargo, era difícil para mí perdonar a los demás. Leía la parábola del siervo despiadado, pero todavía tenía presente cómo otros me habían herido. Muchas de esas situaciones eran triviales, comparadas a los pecados que otros cristianos me dijeron que habían perdonado, pero mi corazón seguía aferrado a la amargura.
Un día, al leer el libro de los Hechos, me sorprendió la oración de Esteban cuando fue apedreado hasta morir. No pidió ayuda para perdonar a sus atacantes. No comparó su dolor a la crucifixión. Manifestó que lo que estaba ocurriendo era un pecado y oró al Señor: «no les tomes en cuenta este pecado».
Inspirada por esta lectura oré para que los incidentes que habían provocado mi amargura no fuesen tomados en contra de los perpetradores, identificando el pecado, pero sin cuantificarlo o minimizarlo. Oré que cuando aquellos que me habían herido se encontrasen ante el Señor, Dios hubiese olvidado todo acto perjudicial contra mí. Al hacerlo, gradualmente, mi amargura desapareció y la paz inundó mi corazón.
Un día, al leer el libro de los Hechos, me sorprendió la oración de Esteban cuando fue apedreado hasta morir. No pidió ayuda para perdonar a sus atacantes. No comparó su dolor a la crucifixión. Manifestó que lo que estaba ocurriendo era un pecado y oró al Señor: «no les tomes en cuenta este pecado».
Inspirada por esta lectura oré para que los incidentes que habían provocado mi amargura no fuesen tomados en contra de los perpetradores, identificando el pecado, pero sin cuantificarlo o minimizarlo. Oré que cuando aquellos que me habían herido se encontrasen ante el Señor, Dios hubiese olvidado todo acto perjudicial contra mí. Al hacerlo, gradualmente, mi amargura desapareció y la paz inundó mi corazón.
ORACIÓN DE HOY
Dios perdonador, libéranos de la culpa y de la amargura de modo que podamos descansar en tu gracia. Amén.
PENSAMIENTO DEL DÍA
La gracia de Dios limpia todo pecado.
ENFOQUE DE LA ORACIÓN
Por la persona que me cuesta perdonar
AUTOR
Sra. Linda L. Isaacs (Nueva York, EE. UU.)
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